domingo, 14 de diciembre de 2008

DESGLOSANDO "ESE PUERTO EXISTE" DE BLANCA VARELA", POR LADY ROJAS BENAVENTE

Desglosando "Ese puerto existe" de Blanca Varela
Por Lady Rojas Benavente
Concordia University, Canadá


Blanca Varela

"Ese puerto existe", primer volumen de poesía de Blanca Varela, fue publicado en 1959. El libro se divide en seis partes: “El fuego y sus jardines”, que consta de diez poemas; “Puerto supe”, que incluye once poemas; “El capitán”, un poema largo; “Historias de Oriente”, poema compuesto de tres secciones; “Primer baile”, formado por ocho composiciones de prosa poética, y “Destiempo”, que tiene dos secciones –nueve poemas en la primera y tres poemas cortos sin título en la segunda–.
El fuego y sus jardines
La primera parte de "Ese puerto existe" toma su nombre del último verso de uno de los poemas que la componen, “El sueño” (29) y está formada por siete poemas –”La ciudad”, “El día”, “Los navíos”, “El sueño”, “Casi pájaro”, “Retrato y “En el espejo”– y tres composiciones de prosa poética –”Elegía”, “Esta oscura flor” y “Arpa de la edad”–. Todos los textos se caracterizan por su brevedad; entre los poemas, el más largo, “Retrato”, tiene apenas 22 versos, mientras que la más extensa de las composiciones en prosa, “Arpa de la edad”, ocupa apenas una página y siete líneas.
Los textos de “El fuego y sus jardines” pueden dividirse en general en cuatro grupos según los motivos que les dan origen. Así, “La ciudad”, “Los navíos” y “Casi pájaro” parten de la descripción de objetos concretos como la urbe costera, los viejos barcos y el rayo, respectivamente. “El día” y “El sueño” se ocupan de dos momentos del día: el amanecer y el ocaso. “Esta oscura flor”, “Retrato” y “En el espejo” abordan preocupaciones de la interioridad del sujeto lírico. Por último, “Elegía” y “Arpa de la edad”, dos de las composiciones en prosa, comparten el hermetismo de su significado.
Por otro lado, son distintos los rasgos que unen y relacionan los poemas mencionados. Por ejemplo, las imágenes del mar, de la costa, de diversos animales, de la luz y del fuego, son comunes a muchos de los textos. Sin embargo, cada uno presenta un aspecto particular del motivo que aborda. En efecto, “La ciudad” (19) elabora una visión dinámica de una población porteña; la urbe se presenta con rasgos humanizados de vitalidad y movilidad. En “El día” (21), se mezclan dos elementos poéticos: el amanecer junto al mar; en este breve poema se utilizan eficazmente las sinestesias. En “Los navíos” (23), los vetustos barcos en el puerto, ya casi inútiles, constituyen una imagen que mezcla la nostalgia del pasado con la presencia de lo decadente. “Elegía” (25) comparte con el texto anterior el motivo del paso del tiempo y sus efectos en lo arruinado; sin embargo, la oscuridad de las referencias de esta composición en prosa profundiza su carácter sombrío. “Esta oscura flor” (27) es el primer texto del volumen en el que el sujeto lírico hace referencia al universo interno de sus sentimientos. “El sueño” (29) describe con brevedad el anochecer y el pasaje temporal en el que el día cede suavemente a lo nocturno. En “Casi pájaro” (31), el sujeto lírico imagina la vida subterránea de un rayo, tras caer a tierra; un fenómeno instantáneo y perecedero se vuelve en el poema un proceso que continúa en secreto en las regiones subterráneas. “Retrato” (33) es un poema erótico que refuerza la convicción de que en el cuerpo se origina el centro de lo carnal y lo sensual. “En el espejo” (35) el sujeto lírico construye un universo surrealista a partir de las imágenes del fuego y del propio reflejo. Finalmente, “Arpa de la edad” (37) una composición en prosa, de manera un tanto hermética, presenta una visión de la tierra costeña al mediar el día.
Por último, cabe mencionar que el orden de los poemas de “El fuego y sus jardines” muestra cierta intención con respecto a elementos clave de una cosmogonía. Esta parte del libro se abre y cierra con dos textos que combinan dos elementos primarios del cosmos: lo sólido y lo líquido encarnados en la tierra y el mar; así, tenemos la imagen de una urbe en “La ciudad” y la descripción de la región costera en “Arpa de la edad”. Además, el tiempo interno de los textos progresa ya que parece ir del amanecer –”El día”, segundo poema– al anochecer –”El sueño”, “Retrato” y “En el espejo”, últimos poemas–.

Puerto Supe

“Puerto Supe” es el título de la segunda parte del libro, nombre tomado del primer texto. Diez poemas– “Puerto Supe”, “Una ventana”, “Los pasos”, “Carta”, “Fuente”, “La lección”, “El paseo”, “El observador”, “Mediodía” y “Divertimento”– y una composición en prosa, “Las cosas que digo son ciertas”, constituyen esta segunda parte. Si se exceptúan los poemas primero “Puerto Supe” y el último, “Divertimento”, las composiciones destacan por su brevedad y densidad al mismo tiempo.
Los poemas de esta sección de Ese puerto existe pueden agruparse también según ciertas características comunes. En efecto, el tema de la exhortación a la libertad es común a los poemas “El paseo”, “El observador” y “Divertimento”. “Las cosas que digo son ciertas”, “Una ventana” y “Mediodía” comparten una sombría atmósfera de pesimismo. La referencia a elementos personales e íntimos es el rasgo común de “Puerto supe”, “Los pasos” y “Carta”, mientras que “Fuente” y “La lección” son dos poemas que revelan la aspiración del sujeto lírico a poseer el conocimiento interior.
Una vez más, varían los motivos abordados, las atmósferas evocadas y las imágenes que se utilizan. Así, “Puerto supe” (41) evoca la costa, lugar al que el sujeto lírico se muestra ligado por su pasado y su presente. “Las cosas que digo son ciertas” (45) es uno de los poemas más surrealistas del volumen; trata de la muerte, la enfermedad del alma y la soledad. En “Una ventana” (47) se crea una oscura atmósfera de encierro mediante imágenes que evocan lo horrible. “Los pasos” (49) constituye una recapitulación personal de lo experimentado, en la que la vida se concibe como la suma de los caminos andados. En “Carta” (51), el sujeto lírico describe a un personaje femenino que le es esencial por su sencillez. En “Fuente” (53), el sujeto lírico alcanza la unidad y el conocimiento de sí mismo. “La lección” (55) se refiere también al conocimiento, esta vez de lo exterior, y a sus consecuencias positivas. En “El paseo” (57) se formula una invitación a viajar, en un tono optimista y favorable.
“El observador” (59) incluye el mismo motivo lírico, pero en este caso se exhorta a un hombre a escapar de su encierro. “Mediodía” (61) es la visión terrible de un rastro o matadero, que se contrasta con la luminosa e impasible hora media del día.
Por último, en “Divertimento” (63) se evoca la playa y el sol, y se invita a la libertad y al gozo.
Como en el caso de la primera parte del libro, “El fuego y sus jardines”, la segunda parte se abre y se cierra con poemas que hacen referencia a la tierra costeña del sur del Pacífico, “Puerto supe” y “Divertimento” respectivamente. En los poemas de la primera parte, sin embargo, hay un mayor número de imágenes concretas que remiten a lo marino y costeño; en la segunda parte, “Puerto Supe”, este tipo de imágenes disminuye para dar paso a referencias y motivos existenciales que incitan al sujeto lírico a reconocer la importancia de la libertad, el conocimiento y el erotismo. La brevedad de los poemas, el número de ellos en cada parte, el recurso a la prosa poética y la presencia constante del puerto que se mantiene en todos los textos, son características comunes de la primera y la segunda partes de Ese puerto existe.


Blanca Varela en los años que escribió "Ese puerto existe"

El capitán

Esta composición en prosa constituye la tercera parte del volumen; se divide en ocho secciones y está construida en torno de dos perspectivas que se evidencian estructuralmente. Así, en las cinco primeras secciones (69-70) el sujeto lírico se identifica con el capitán de un navío, quien reflexiona antes y después de un combate en el mar. En las tres últimas secciones (71), el sujeto lírico deja de ser el capitán, con lo cual la perspectiva cambia. Este juego de doble perspectiva permite contrastar la imagen que de sí mismo y de las hazañas de los marinos presenta el capitán, con la parte oculta de sí propio que se descubre en las últimas secciones de esta composición en prosa.
En las cinco primeras secciones abundan las imágenes marinas y bélicas.
En efecto, en las secciones uno y dos (69), el capitán se presenta en la víspera de una batalla; la descripción que hace de sí mismo incluye elementos íntimos: “Los capitanes somos castos” y “...somos insomnes” (69) y referencias al clima en el mar. En la tercera sección (69, 70) predomina el motivo de la muerte, pues se exhibe la escena del puente del barco tras la batalla y se describen los cadáveres de los marinos. En la cuarta sección (70) los marinos se presentan como guerreros triunfantes que obtienen la gloria. Sin embargo, la quinta sección (70), que consta solamente de dos oraciones, introduce la duda sobre lo referido: “Vencedores nos sorprende el alba. ¿Hemos soñado?” (70).
A partir de la sexta sección (71) el sujeto lírico deja de ser el capitán; se introduce así una nueva perspectiva que resume y cuestiona las secciones anteriores de la composición. De esta manera, la sección seis muestra a los marinos tras la batalla en términos opuestos a los de la cuarta sección; en esta última el capitán dice de sí y de sus hombres: “Nuestras espadas cruzan el firmamento como rayos, nuestros ojos viajan/ como soles, la cabellera crece violentamente y se multiplican nuestras/ sonrisas sin ley” (70).
En la sección seis, el sujeto lírico los exhibe de manera muy distinta: “Lívidos, tibios, afeminados, los guerreros contemplan atónitos el nuevo día” (71).
Las tres primeras oraciones de la sección siete (71) retoman las imágenes de las dos primeras secciones de la composición: el insomnio del capitán, su aliento comparado con un insecto y la espera de la batalla. La última oración refuerza la imagen de la debilidad del capitán y de sus hombres al comparar la fuerza de éste con la de “una niña atacada de malaria” (71) y al adjudicar a sus marinos actividades ocultamente homoeróticas, “sus huestes se acoplan en las bodegas húmedas” (71).
La sección ocho (71) –formada de una sola oración– se refiere al carácter secreto de lo revelado.
En “El capitán”, la figura del guerrero se cuestiona al mostrar el aspecto subyacente de debilidad que la conforma, aspecto que en la composición se magnifica con rasgos de afeminamiento y actos de homosexualismo.

Historias de Oriente

Este poema forma la cuarta parte de Ese puerto existe. Es probable que su título haga referencia a las resonancias bíblicas de las imágenes utilizadas. El poema consta de tres secciones divididas claramente mediante numerales romanos. La primera sección es un poema; la segunda, una composición en prosa poética, y la tercera, una mezcla de verso y prosa.
En la primera sección (75-76), las imágenes utilizadas evocan el mundo recién creado en su primera mañana. Al inicio de esta sección, una voz –referencia probable al dios creador del mito bíblico– anuncia “el nacimiento del sol”; el poema termina cuando el astro ha llegado a su cenit, lo que expresa la relación temporal de la creación.
En la segunda sección (76), las imágenes integran el relato de una conspiración. Se describe la inquietud de un grupo de hombres –”los vástagos”, luego llamados “los rebeldes”–, quienes deciden “quemar sus obras”; desisten, sin embargo, ante la presencia de “terribles presagios”. Es posible que esta sección haga referencia a la rebelión de las criaturas, los hijos de Dios, contra su creador.
La tercera sección es la más hermética (77-78). El sujeto lírico presenta la historia de un perro que amanece “envuelto en una nube azul” y se vuelve así inaccesible a Cosme, su dueño. Las imágenes insisten en el sufrimiento del animal y en la ira y el dolor del hombre, sentimientos originados por la separación. Los motivos que así se construyen son la pérdida, la persecución de lo que se ha querido y se ha perdido, y la permanencia del dolor ante el alejamiento de ambos seres. La imagen de la nube recuerda tangencialmente el caso de ciertos personajes bíblicos que son arrebatados de la tierra hacia el cielo –Ezequiel, por ejemplo–.
“Historias de Oriente” es un poema que presenta tres episodios de inspiración bíblica. La utilización de imágenes de lo maravilloso o lo fantástico une como elemento común a las tres secciones: la voz, los presagios y la nube azul, respectivamente. Se genera así un proceso de desacralización debido al tratamiento personal de dichos episodios.

Primer baile

Esta composición en prosa poética constituye uno de los textos más largos del volumen. Se divide en ocho secciones de extensión desigual; la más larga (VII) posee treinta y dos líneas, mientras que la más corta (VIII) consta de seis. Las secciones se relacionan entre sí mediante dos motivos predominantes: movimiento e inmovilidad; al efecto se utilizan las imágenes del baile y del desfile como metáforas de lo primero, en tanto que la imagen del sueño ejemplifica lo segundo.
En la primera sección (81), el sujeto lírico enfatiza su carácter animal y carnal, así como las consecuencias positivas de tales rasgos, es decir, vitalidad, sensualidad y movimiento: “Soy un simio, nada más que eso y trepo por esta gigantesca flor roja”.
En la sección II (82), el sujeto lírico se refiere a un tipo de movimiento específico: la ascensión; ésta se considera una forma de movilidad “penosa” pero transformadora.
En la sección III (82), el sujeto lírico deja de ser actor para convertirse en espectador; abandona el propio movimiento para describir el de otros seres, esto es, el de un cortejo de arañas y pulpos. Se introducen imágenes de violencia –”Una espada los persigue [a las arañas y a los pulpos] y les arranca los ojos”– que otros espectadores –”el pueblo”– aplauden.
En la sección IV (83) se repiten las imágenes del cortejo o desfile y de la violencia; ahora es el mar quien pasa y deja atrás “extrañas especies revolviéndose”, que luego los “imbéciles” atacan sólo para amanecer muertos ellos mismos. De nuevo, el sujeto lírico es espectador del movimiento y la violencia ajenos.
En la sección V (83-84), el sujeto lírico se vuelve hacia su interior y reflexiona respecto del universo del sueño. Se utiliza aquí la dualidad clásica sueño-vigilia para simbolizar y oponer los espacios de lo íntimo y lo externo. De este modo, el sujeto lírico expresa el amor que siente hacia su rico y ambivalente universo onírico.
La sección VI (84-85) abunda en breves referencias a diversos mitos de la creación del mundo. Así, se inicia con una imagen que recuerda el mito pitagórico: “Los números arden”. Se habla también de una “rueda” como metáfora del destino, imagen que recupera el símbolo tradicional del azar. La “santa palabra” que igualmente se menciona aquí se refiere sin duda al mito bíblico de la creación mediante –justamente– la palabra considerado el soplo original. Estas referencias míticas, sin embargo, se tiñen de un carácter negativo, el cual se expresa con claridad en la oración que califica la creación, por parte de Dios, del propio ser humano: “Es triste ser la invención de un loco, un ojo de otro ojo”.
Al final de la sección reaparece el motivo del baile en la imagen de un lagarto que danza.
La sección VII (85-85) recoge de modo velado el motivo adánico de la pareja original. “La niña” y “el héroe” representan aquí los dos seres humanos primigenios, pero el sujeto lírico da a la creación rasgos de mero espectáculo que se presenta frente a un “alcalde” y a un “público” arrebatado. En esta sección, las imágenes surrealistas se acumulan para crear un ambiente de drama (o incluso farsa), con lo cual se desacraliza de nuevo la referencia original al mito bíblico.
En la sección VIII (86) se retoman los motivos de lo corporal y el movimiento, mediante imágenes del cuerpo y del baile. Se efectúan una vez más veladas referencias bíblicas, en cuanto a la imagen de la luz como elemento que comienza todo. La sección y el poema entero se cierran con una imagen irónica que opone dos elementos distintos enlazados por el movimiento: “Inician el baile el elefante y la justicia./ ¿Quién vencerá?” De esta manera, en la última sección se reiteran varios de los motivos que se desarrollan a lo largo de todo el poema: la presentación de contrarios, las referencias a mitos bíblicos, el movimiento y las imágenes surrealistas.

Destiempo

La última sección del libro está formada por un conjunto inicial de nueve poemas (cada uno numerado con una cifra romana), y tres poemas independientes sin título.
El conjunto inicial de nueve poemas destaca en general por su brevedad; el más largo (V) posee veinticuatro versos, mientras que el más corto (VIII) sólo tiene cinco. No parece haber un tema único que relacione entre sí estos poemas; más bien, en ellos se encuentran motivos e imágenes recurrentes del universo poético de Blanca Varela: la noche, la soledad, la decadencia, el sueño, el amor y la muerte.
En el primer poema de la serie (89), la imagen de la noche sirve como trasfondo contra el cual se presenta el motivo de la soledad y del aislamiento. Distintos elementos de color rojo -llamas, coral y sangre- se utilizan para introducir la imagen del otoño.
El poema II (90) está construido con base en contrastes humanos –“estréchame” - “aléjate”– y del universo –“frío paisaje”- “desierto”, “cielo derribado”–. Se abordan así los sentimientos amorosos y los motivos del viaje y del olvido.
El poema III (90-91) está formado por imágenes sombrías y pesimistas. En efecto, los motivos de este poema son la destrucción –rayo, árbol talado–, la indiferencia cósmica ante la desgracia humana –“Contemplamos el cielo. No hay señales”–, el desconocimiento de la propia circunstancia –“¿Es de día? ¿Es de noche?”–, y la decrepitud –“sólo hay un viejo muro…”–.
El motivo del poema IV (91) es la huída en pos del ideal. Abundan las imágenes de la naturaleza. El sujeto lírico explica, con un tono optimista, cómo es el mundo prototípico que persigue. El poema V (91-92) destaca por la musicalidad de sus versos. El sujeto lírico describe una nube y su travesía por el cielo; esto le sirve para mostrar cómo este sencillo elemento de la naturaleza constituye un universo en sí mismo. El motivo principal del poema VI (92-93) es la insignificancia del ser humano frente a la inmensidad, simbolizada aquí por el mar, la ciudad y la eternidad. La condición frágil del hombre se subraya al compararlo con una “pálida burbuja” y “un silencio”.
El poema VII (93) es el más breve del conjunto. En él, apenas se insinúa el motivo de la vista como el sentido que permite aprehender la realidad exterior.
El poema VIII (93-94) describe en seis versos el proceso de despertar como acto que introduce al sujeto lírico en el mundo de la conciencia. Los objetos, los sentimientos, los espacios cotidianos y la mirada de los demás conforman paulatinamente la realidad de quien despierta. En el poema IX (94), los motivos del amor, los recuerdos y la promesa se entretejen mediante las imágenes de la música y del tiempo.
Tres poemas sin título cierran la última sección de “Destiempo”. En el primero de ellos (95), el motivo es el paso del tiempo. Se utiliza la imagen del atardecer para subrayar la irreparable huída de lo temporal, simbolizada en las horas que son “pálidas viajeras”. El segundo poema (97-98) tiene como motivo la noche y su “eterno retorno”. El sujeto lírico presenta la noche como un ente humanizado que aguarda el amanecer con esperanza. La sucesión interminable de días y noches se concibe como una forma de permanencia, “una hoguera posible contra la muerte”. El tercer poema (99) es probablemente el más críptico de esta sección. De nuevo, se utilizan en gran medida imágenes de la naturaleza. La estructura del poema muestra un equilibrio premeditado, en el que las estrofas primera y última están construidas como una imagen en espejo.
Un motivo frecuente en los poemas de Puerto Supe es el simbolismo de la región costera. En varias partes del libro, diversos poemas desarrollan dicho motivo directamente o de modo tangencial. Así, en la sección “El fuego y sus jardines”, los poemas “La ciudad” y “Arpa de la edad” abordan el motivo mencionado; en “Puerto supe”, ocurre lo mismo con el poema que da título a esta parte, así como con “Mediodía” y “Divertimento”; y en “Destiempo”, el poema VI se refiere al motivo que nos ocupa. Sin embargo, aunque el motivo es el mismo, la autora lo utiliza con fines distintos en cada caso. Esto resulta evidente al comparar tres poemas: “La ciudad”, “Puerto supe” y el poema VI de “Divertimento”.
“La ciudad” (19) elabora una visión dinámica de una población porteña; la urbe se presenta con rasgos humanizados de vitalidad y movilidad. Por su parte, “Puerto supe” (41) evoca varios elementos de la región costera como marco inseparable del pasado y del presente del sujeto lírico. En el poema VI de “Destiempo” (92), la región de la costa se convierte en un símbolo de la inmensidad que el ser humano enfrenta desde su pequeñez. Tenemos así tres enfoques distintos de un mismo motivo. Esto también se evidencia si se consideran los espacios poéticos de cada composición. En “La ciudad”, la atención se centra en el espacio urbano; en “Puerto supe”, en los espacios íntimos de la memoria y de los sentimientos; en el poema VI, en el espacio abstracto de la condición del ser humano. Es posible decir, entonces, que en el primer caso el sujeto lírico describe una ciudad real y dinámica; en el segundo, evoca una ciudad de la memoria; en el tercero, adjudica valor simbólico a una “ciudad sin límites” (93).
Se halla también una diferencia en cuanto al tiempo interno de los poemas. En efecto, la imagen de la urbe vital y llena de movimiento de “La ciudad” ha quedado captada en un instante de continuo presente. El tono de evocación de “Puerto supe” hace referencia al pasado. El motivo abstracto de la inmensidad y de lo infinito en el poema VI, crea una atmósfera atemporal.
Las imágenes que se utilizan en los tres poemas muestran rasgos comunes, aunque su uso se adecua, en cada caso, al enfoque particular del motivo. Por ejemplo, las imágenes de elementos de la naturaleza abundan en las tres composiciones poéticas; sin embargo, en cada una cumplen un papel distinto. Así, en “La ciudad” dichas imágenes sirven para caracterizar a la urbe como parte de su entorno; ésta se compara con un árbol, una isla, un bosque, el cielo. En “Puerto supe”, las imágenes de la naturaleza se acumulan para describir el paisaje de la costa, el cual constituye a la vez el panorama interno de los sentimientos y recuerdos del sujeto lírico. En el poema VI de “Destiempo”, las imágenes de la naturaleza se reducen al mar, el sol y la luz, y su valor es sobre todo simbólico, pues pretenden expresar lo inmenso y lo infinito.
El mar es una de las imágenes de la naturaleza que se repiten con insistencia en todo el libro. En los poemas que analizamos, esta imagen sirve de nuevo como ejemplo del uso variado que la autora hace de un mismo elemento poético para distintos fines. Así, en “La ciudad” el mar es una presencia implícita que apenas puede adivinarse o deducirse a partir de otras imágenes –“peces sobre espejos de oro”, “isla abandonada” (19)–.
En “Puerto supe”, por el contrario, el mar es un personaje central del universo del poema, a quien se dirige directamente el sujeto lírico:

¡Oh, mar de todos los días,
mar montaña,
boca lluviosa de la costa fría! (41)

En el poema VI, el mar encarna el símbolo de lo infinito, junto al cual el ser humano es casi nada:

El mar pliega las alas al atardecer,
tú no eres sino una pálida burbuja
navegando al golpe del aliento... (92)

Por último, cabe mencionar que la imagen doble mar-ciudad o mar-costa es una constante en la obra de Blanca Varela.
Ese puerto existe de Blanca Varela es sin duda uno de los libros de poesía más significativos de la autora. Uno de los elementos más destacados de este volumen es la variada riqueza de sus motivos poéticos, entre los cuales destacan –por su aparición constante en todo el libro– la naturaleza y las referencias a mitos bíblicos.
Las imágenes de la naturaleza constituyen una presencia constante en Ese puerto existe. La oposición puerto-mar, oposición entre lo terrestre y lo acuático, es quizá el motivo que genera un mayor número de imágenes relacionadas con lo natural. Sin embargo, no sólo lo marino sirve a la autora para referirse a la naturaleza; los jardines, la selva tropical, los animales, los insectos e incluso los distintos momentos del día –el amanecer, el atardecer, la noche– le permiten incluir a la naturaleza como parte fundamental y activa de su universo poético. No obstante, cabe aclarar que en la poesía de Blanca Varela, la naturaleza no es ni presencia decorativa o paisajística, ni mero espejo de los sentimientos del sujeto lírico. La naturaleza en Ese puerto existe y en otros libros de Blanca Varela, es una fuerza oscura, multiforme y siempre activa en la que los seres –animales y plantas– hallan lugar y sentido; el ser humano, sin embargo, se presenta a menudo como un mero observador, un ser ajeno a esa comunidad de lo natural.
En distintos poemas de Ese puerto existe se utilizan referencias a mitos y personajes bíblicos. Dichas referencias se usan como parte de una estrategia de desacralización y cuestionamiento de los símbolos religiosos de la tradición judeocristiana. El ejemplo más claro de esta estrategia se halla en las composiciones de “Historias de Oriente”, donde mitos como la creación y la rebelión de los seres contra su creador, se presentan desde un punto de vista muy personal. Se altera así la versión original del mito, y éste se reinterpreta mediante un punto de vista distinto como medio para desacralizar y cuestionar la validez de lo mítico. La desacralización se subraya de modo inequívoco con el uso de imágenes que pertenecen a un registro muy distinto y alejado al de la imaginería tradicional judeocristiana; por ejemplo, ya no es un profeta quien vuela envuelto en una nube, sino un perro que orina (77-78). De esta manera, la deconstrucción de la mitología judeocristiana adquiere, en la obra de Blanca Varela, un carácter de subversión y franco cuestionamiento.
El tiempo ha demostrado la originalidad de la voz poética de Blanca Varela. Ese puerto existe es un volumen en donde dicha voz aparece con un timbre propio, y en donde el lector puede reconocerse los motivos líricos y las obsesiones existenciales de la autora. La importancia de este libro en el contexto de la poesía peruana del siglo XX es, por lo tanto, innegable.


Blanca Varela con sus hijos Vicente de Szyszlo (derecha) y Lorenzo de Szyszlo (izquierda)

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LADY ROJAS BENAVENTE: Poeta, crítica literaria, directora de la asociación Crítica canadiense literaria sobre las escritoras hispanoamericanas –CCLEH-, oradora de la comunidad latina para el organismo nacional Pasajes hacia Canadá y coordinadora de los cursos del grupo Laval au féminin. Es profesora titulada en la Universidad Concordia donde enseña teoría literaria, feminismo, literatura y cultura hispanoamericana. Ha escrito tres tesis para graduarse como profesora secundaria en Filosofía y Literatura: Conocimiento integral de la obra literaria (1968); en estudios de Maestría: Estructura, Ideología y Exilio en Andamos huyendo Lola (1985); y para el Doctorado: La magia en la cuentística de Elena Garro (1989). Rojas ha publicado cuatro libros: su poemario: Étoile d’eau. Estrella de agua (2006), y tres obras de crítica literaria: Alumbramiento verbal en los 90. Escritoras peruanas: signos y pláticas (1999); y con Catherine Vallejo: Celebración de la creación literaria de escritoras hispanas en las Américas (2000), y Poéticas de escritoras hispano-americanas al alba del próximo milenio (1998). Participa en la comunidad canadiense para organizar el Día Internacional de la Poesía con los estudiantes y en la TV, comparte su obra poética en las Universidades: UNAM en Gatineau, Concordia, Saskatoon en Saskachewan y en asociaciones femeninas, culturales y literarias: Centre de Femmes de Laval, Red Cultural Hispánica de Ottawa y Gatineau, Registro Creativo de la Asociación Canadiense de Hispanistas. En el exterior de Canadá fue invitada por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, la Comisión de Escritoras del PEN Club del Perú, Inter-Arte y el Consejo Nacional de Mujeres del Perú entre otros organismos culturales.

1 comentario:

La Academia Popular de Ciencias José María Arguedas, dijo...

Un blog muy intereesante.

Los invitamos a visitar nuestro nlog, hay entradas y secciones que le van a interesar ahora que ya lo actualizamos. Y comenzamos con el homenaje a Blanca Varela:

http://apcarguedas.blogspot.com/

Saludos.